Bienaventurados aquellos que no han sentido el agudo aguijón del amor,
Benditos sean quienes no han probado la manzana arrancada desde el árbol de las tentaciones,
Afortunados los que no han sido hechizados por unos ojos platinados donde se derrite la luna,
Dichosos aquellos labios que nunca tendrán que probar el agónico sabor del desengaño,
Favorecido todo aquel que no tendrá nuca que morder las sábanas y consolar las lágrimas por las noches,
Suertudo el que podrá disfrutar de un buen vino y un tango de Gardel,
Venturosos todos aquellos que no sentirán el corrosivo adiós después del fin,
Desgraciado de mí, que a mi corta edad me he enamorado con tal entrega e inocencia;
Pero aún así no dejo de buscar ese amor ridículo, cliché, abrumador sin el cual no pueda concebir mi existir.









