La mató la prensa calibánica que no se sació con los millones de ejemplares vendidos,
por eso tuvo que regresar a la muerte para que le diera su abrazo apaciguador,
porque un alma destrozada no se puede rehabilitar...
mucho menos un corazón roto,
pero el alcohol y las drogas pueden aliviar el dolor y la frustración que causan la decepción.
La mató la nausea de una sociedad paternalista y condescendiente,
la mató el conformismo y la vanalidad...
por eso prefirió quemarse las alas como las polillas que vuelan hacia la luz,
porque no le bastó estar encarcelada en el tronco de un árbol,
mucho menos ser parte de un circo...
y en las imprentas nunca se acabará la tinta roja,
pero la existencia humana si se puede llevar hasta los límites de su resistencia.
Ni los grammys, ni la venia de la crítica ni los millones de discos vendidos le fueron suficiente,
mucho menos el glamour de Hollywood y sus rituales carnavalescos...
porque la consecuencia y la franqueza no tienen precio,
no se puede doblegar tan noble espíritu...
así como no puedes pedirle menos luz al sol
o menos aire al viento,
por eso algunos la amaron y otros la odiaron,
por no disfrazar con eufemismos la realidad,
o simplemente por recordarnos la decadencia humana.









